Bloqueo de Estados Unidos contra Cuba: una política que morirá bajo el propio peso de su fracaso

Jueves, Octubre 22, 2020 - 14:31

Por: Enrique Valdés

Quienes hoy, desde las distintas plataformas mediáticas, cuestionan el negativo impacto del bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos contra Cuba, sencillamente o son muy ingenuos o forman parte de la plantilla de cibermercenarios al servicio de esa potencia.

Miguel Díaz-Canel, presidente cubano, recientemente reveló que durante la administración de Donald Trump se han aplicado contra la Isla 121 medidas punitivas en poco más de un año e impuesto fuertes multas a entidades norteamericanas por violar regulaciones de la política de bloqueo. Y esas cifras pueden constatarse en fuentes de ese país.
 
Pero el bloqueo, con mayor o menor agresividad, según los intereses del gobernante norteamericano de turno, constituye un crimen internacional de Genocidio, según la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 9 de diciembre de 1948.

Claro que los mismos genocidas tratan de enmascarar sus crímenes calificando al bloqueo como embargo, aunque al hacerlo obvien que tal y como estipula el Derecho internacional, e incluso la legislación de su país, el embargo constituye una orden emitida por un Estado en tiempo de guerra y las propiedades del afectado no pueden utilizarse bajo ningún concepto para provecho de quien lo aplica. 

¿Es esto lo que tipifica el bloqueo norteamericano contra Cuba? ¿Pudiera alguien encerrar en esa definición de embargo los esfuerzos de Estados Unidos para tratar de cortar de raíz cualquier vínculo económico, comercial y financiero que la Mayor de las Antillas desarrolle con otros estados de cualquier parte del planeta?

Si aunque muy deterioradas Cuba y Estados Unidos todavía mantienen relaciones diplomáticas,  ¿bajo qué principios se  justifica jurídicamente la aplicación de una medida concebida para tiempo de guerra cuando se vive en tiempo de paz, incluso con esa paz amenazada?

Y estas afirmaciones no nacen de una mente calenturienta que trata de justificar los problemas de la economía cubana, búsquense los documentos de los archivos de Seguridad Nacional norteamericanos desclasificados hace algunos años.

Léanse, quienes afirman que el bloqueo no existe, la propia versión yanqui sobre una verdad que tratan de callar a gritos porque no tienen poder para vencerla. Constaten en esos documentos, hoy abiertos, las verdaderas intenciones de matar por hambre a un pueblo para socavar su base social de apoyo. ¿Qué derecho legal o moral le asiste a Estados Unidos para tratar de cambiar el gobierno escogido por la mayoría de los cubanos?

La historia no puede olvidarse y en el caso que nos ocupa, el bloqueo norteamericano data de mucho tiempo atrás, a la década de los sesenta del pasado siglo. Fue un arma utilizada en la llamada Guerra Hispano-Cubana- Americana con idéntico propósito.

Accedan los incrédulos a las intenciones reveladas en las instrucciones secretas del entonces Secretario de la Guerra  Breckenridge, en la Guerra del año 1895, en las cuales orientaba sembrar la desunión entre ambos campos, diezmar las tropas mambisas y españolas para después rendirlas por enfermedad y hambre. Cualquier parecido con la política actual de ese gobierno no es pura coincidencia.

Basado en las prerrogativas que la Ley de Comercio con el Enemigo -en la que inicialmente se sustentó el bloqueo contra la naciente Revolución cubana-  establece que el mandatario estadounidense solo puede imponer estas medidas de emergencia económica en tiempo de guerra o ante la posibilidad de amenaza a la seguridad nacional de ese país. De lo actual se deduce, si no estamos en guerra ¿acaso Estados Unidos considera al pequeño Caimán una amenaza para su seguridad nacional?

De no ser tan seria la situación provocaría la risa, pues nadie en su sano juicio consideraría  una posibilidad tan absurda.

El criminal bloqueo contra Cuba o incluso el embargo, como a ellos gusta llamarle en un eufemismo jurídico, viola los principios del Derecho Internacional y un conjunto de leyes y resoluciones aprobadas por la Organización de Naciones Unidas (ONU), organización que solo respetan cuando no atentan contra sus intereses hegemónicos. 

Por tanto, a la luz de los principios del Derecho, el bloqueo con su acción extraterritorial es ilegal, como también lo son las medidas de agresión y persecución económica que impiden siquiera la entrada de medicina y equipos médicos para salvar la vida hasta de niños enfermos, aun en medio de la pandemia provocada por la COVID-19.

No es casual entonces que la Asamblea General de las Naciones Unidas cada año condene por abrumadora mayoría esta criminal práctica que contraviene en toda su esencia  las legislaciones vigentes y aprobadas incluso con el voto yanqui, como los Principios de igualdad soberana;  el de no intervención; el de independencia y el Derecho a la Nacionalización, entre otros.

De cualquier manera, Cuba seguirá adelante en su actualización de un modelo económico que, de no contar con las citadas trabas impuestas, sería mucho más efectivo y próspero, y a la vez denunciará en todos las tribunas posibles esta genocida agresión contra su pueblo, con la convicción de que en cualquier momento esta absurda política morirá bajo el propio peso de su fracaso. 

 

lp/minjus

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