«De Fidel y de Raúl aprendimos a desechar el lamento inútil y a concentrarnos en buscar salidas, a convertir los desafíos en oportunidades y los reveses en victoria»

Lunes, Julio 15, 2019 - 16:29

Autor:Redacción Digital / internet@granma.cu.

Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido;

Compañero Esteban Lazo Hernández, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular;

Diputadas, diputados e invitados:

Hoy cerramos un ciclo de trabajo intenso y productivo.

Durante este periodo, el Parlamento no solo ha elaborado y aprobado tres nuevas leyes -como nos propusimos-, sino que paralelamente, a través de sus comisiones, ha evaluado actividades fundamentales del país, apuntando con precisión, seriedad y responsabilidad en qué se avanza y en qué no y cuánto es posible y necesario hacer para solucionar nuestros principales problemas.

Amplios resúmenes de los debates en las comisiones se han difundido a través de los medios. En todos se advierte un conocimiento más profundo y una mayor comprensión del momento que vivimos. Y lo más importante: se aprecia una clara identificación de los asuntos más apremiantes.  

Las 38 actividades que recibieron fiscalización de las comisiones son precisamente aquellas en las que se concentran las quejas que afloraron en los estados de opinión de la población y las mismas para las que se decidieron las principales acciones de solución por parte del Gobierno.

Sé que, ante la magnitud de los obstáculos que generan la burocracia, la insensibilidad, la desidia y otros males, algunos creen que no será posible salir adelante y con cierta dosis de fatalismo, que paraliza y frena el entusiasmo, afirman que «esto no hay quien lo arregle».

También conozco la preocupación sincera de quienes consideran que nos exigimos demasiado o que todo el mérito está en nuestra acción personal, que nos ocupamos, incluso, de tareas que «no son de un Presidente».

Me pregunto qué tarea puede no ser del Presidente en una nación como Cuba, en una Revolución como la nuestra, cuando nos preceden los ejemplos de Fidel y de Raúl (Aplausos).

Ya lo dijo José Martí y lo probaron ellos: «...mover un país, por pequeño que sea, es obra de gigantes. Y quien no se sienta gigante de amor, o de valor, o de pensamiento, o de paciencia, no debe emprenderla».

En nuestro caso, ya lo he dicho más de una vez, no solo trabajamos bajo la guía y con el acompañamiento del General de Ejército y de la generación histórica, también creemos profundamente en la obra colectiva. Y nuestro Consejo de Ministros está actuando, en general, con la intensidad y la urgencia que nos dicta la vida, a partir del intercambio constante con el pueblo, con el oído pegado a la tierra, que nos exige Raúl.

«Dentro de un siglo seremos esa historia de colegio que aburre a los niños porque ya, ya pasó... Ustedes no me están viendo, se están viendo a ustedes mismos», dice Silvio en sus canciones, lo que me ayuda a responderles a los que personalizan los resultados.

La satisfacción con que clausuramos este periodo de sesiones nace de la calidad de los debates a los que hemos asistido en estos días. Y es de destacar el salto que se está produciendo en las proyecciones del órgano supremo del poder del Estado. 

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Lo que ignoran los adversarios es que 60 años de sanciones, amenazas y agresiones de todo tipo, no solo han curtido nuestra resistencia; la experiencia histórica de la Revolución es un libro insustituible de lecciones, la primera de ellas, el intercambio vivo y directo con el pueblo, fuente permanente de creatividad y de aliento.

De la generación histórica, de Fidel y de Raúl aprendimos a desechar el lamento inútil y a concentrarnos en buscar salidas, a convertir los desafíos en oportunidades y los reveses en victoria.

En esa escuela nos inspiramos hoy para promover el análisis integral y crítico de lo que anda mal o no anda, para quebrar el bloqueo interno y para pedirles a todos una actitud proactiva, inteligente, comprometida y colectiva, todo lo cual se ha expresado en esta sesión de la Asamblea, en la que hemos aprobado tres leyes, dando inicio al intenso ejercicio legislativo que precisa la Constitución para hacerse efectiva.

Después de un amplio proceso de consultas con diputados y no diputados en un nuevo ejercicio democrático que aportó al mejoramiento de los textos de cada una y a las normas jurídicas que apoyarán su implementación, ya tenemos una nueva Ley Electoral, que garantiza jurídicamente los procesos de elecciones a los diferentes niveles en el país y da respuesta a las Disposiciones Transitorias de la nueva Constitución. Además, hemos elegido a los miembros del Consejo Electoral Nacional, a quienes felicitamos.

Eso nos pone en condiciones de elegir en octubre, en la Asamblea Nacional del Poder Popular, los cargos fundamentales del Estado y posteriormente, antes de finalizar el año, designar a los integrantes del Consejo de Ministros.

La Ley de Símbolos Nacionales, por su parte, actualiza toda la normativa legal vigente sobre la materia, puntualiza y da mayor precisión a sus contenidos.

Como se ha reiterado, flexibiliza el uso de los símbolos nacionales, dentro de un estado de orden y respeto a la legislación, y promueve un mayor empleo de esos emblemas como expresión de los sentimientos patrios y de veneración a lo que representan: nuestra larga historia de lucha por la libertad, la independencia y la soberanía de la patria, a la que se agrede constantemente con una perversa guerra simbólica de signo colonial e imperialista.

No menos importante es la Ley de Pesca, por cuanto regula el necesario ordenamiento, la administración y control de la actividad pesquera, en función de la conservación y el aprovechamiento racional de los recursos hidrobiológicos en las aguas marítimas, fluviales y lacustres de la República de Cuba, con el fin de contribuir a la soberanía alimentaria de la nación.

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