El día en que a la Patria le nació un gigante

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Fidel
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Hoy hace exactamente cinco años de aquella  dolorosa alocución en la cual se comunicaba al pueblo la desaparición física de su Comandante en Jefe y todavía la noticia me parece incierta. 
 Cómo es posible que un hombre como Fidel muera cuando más se le necesitaba, cuando aún a su inconclusa y fructífera obra le faltaban capítulos vitales para la subsistencia de la patria, cuando los enemigos de siempre arrecian y pretenden colapsar la inmensa labor.
 Después, mientras lo veía en el televisor salir airoso de contiendas hasta más difíciles que las actuales y vencer una y otra vez las escaramuzas nacidas del odio eterno, no pude más que comprender que la desaparición física no es cierta, el se encarga de desmentirla todos los días.
 A lo largo de este tiempo he vuelto a rememorar aquel día que la Caravana de la Libertad anunciaba su entrada en La Habana. Allí, cerca del antiguo Palacio Presidencial lo vi por primera vez. El vestía su emblemático uniforme verde olivo y yo lo saludé desde los hombros de mi padre agitando una improvisada bandera cubana.
 Nunca he podido olvidar ese instante. 
 Con los días la efervescencia revolucionaria llegó a su clímax. Millones de cubanos hicieron suyo al Fidel que aprendieron a amar después de la gesta del cuartel Moncada, la injusta prisión, La Historia me Absolverá, el Granma y la Sierra Maestra.
 En mi casa su nombre era perenne. Por eso aprendí a amarlo con fuerza. Fui de los niños que admiraron su intransigente figura, su fuerte verbo, sus enfáticos gestos. Escuchándolo comprendí mejor la importancia de ser fiel a los principios y la necesidad de preservarlos  por encima de cualquier otra cosa.
 Por eso aquella noche del 25 de noviembre me llevó a la negación del hecho como si con ello pudiera retrasar lo inevitable. Él necesitaba partir para alcanzar una dimensión mayor desde donde, ya eterno, guiarnos por el difícil camino de la independencia absoluta.
Hoy hace cinco años que Fidel Castro Ruz,  o sencillamente nuestro Fidel, se multiplicó en nosotros. Quizás ese sea el motivo por el cual lejos de recordarlo con dolor y llorar su ausencia lo recordamos vivo, como siempre ha estado  y esperamos escuchar su grito de Patria o Muerte para sumarse a la batalla redentora por su Cuba.

Etiquetas
Partida Física de Fidel
Fuente
Enrique Valdés

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