El Día que la “justicia” se quitó la venda

Viernes, Octubre 16, 2020 - 19:23

Por Enrique Valdés

 La justicia se representa con una balanza y los ojos vendados como símbolo de que ante ella todos los seres son iguales. Pero no siempre es así.

 16 de octubre del año 1953. Una sala de Tribunal custodiada por soldados armados con bayonetas caladas. De un lado los detenidos por los Asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, encabezados por su líder Fidel Castro. Del otro los asesinos que usurparon el poder en 1952. Y el magistrado ¿neutral?

 El abogado Fidel Castro Ruz se hizo cargo de su defensa. Recordó como “Había una vez una república. Tenía su constitución, sus leyes, sus libertades…. Y una mañana la ciudadanía se despertó estremecida….. un hombre llamado Fulgencio Batista acababa de cometer el horrible crimen que nadie esperaba.”

 Fidel dijo al Tribunal juzgador que como consecuencia de ese acto un humilde ciudadano, que quería creer en las leyes de la República  y en la integridad de los magistrados a quienes había visto muchas veces enseñarse contra los infelices, buscó un Código de Defensa Social para ver que castigos prescribía la sociedad para el autor de semejante hecho y encontró que en todos los casos el comisor incurría en penas privativas de libertad.

  Entonces, subrayó Fidel,  con ese Código en una mano y los papeles en otra, el mencionado ciudadano se presentó en el sitio donde funcionaba la sede del Tribunal competente que estaba en la obligación de promover causa y castigar a los responsables de aquel hecho…

 Y presentó un escrito denunciando los delitos- abundó Fidel- y pidió para Fulgencio Batista y  sus 17 cómplices la sanción de108 años de cárcel como refrendaba el Código,  con todas las agravantes de reincidencia, alevosía y nocturnidad. Pasaron los días y pasaron los meses. ¡Que decepción!..

 Y sentenció Fidel “Señores Magistrados: Yo soy aquel ciudadano humilde que un día se presentó inútilmente ante los tribunales para pedirles que castigaran a los ambiciosos que violaron las leyes e hicieron trizas nuestras instituciones…

 Se impuso el silencio. El acusado habíase convertido en acusador y ya no había fuerza humana que pudiera parar su alegato.

 El Juicio del Moncada fue la tribuna idónea para denunciar los crímenes de la dictadura golpista, la terrible situación que enfrentaban los campesinos víctimas de los abusos de la guardia rural y los monopolios yanquis.

 Devino tribuna también para revelar la precaria situación de la salud, el analfabetismo, el desempleo, la desnutrición infantil. Pero sobre todo devino plataforma para lanzar lo que después se conoció como el Programa del Moncada el cual llegó a manos del pueblo gracias a los esfuerzos de personas que, a riesgo de sus vidas, sacaron del penal y distribuyeron el documento.

 No fue un juicio justo. No podía serlo porque quienes debieron estar en el banquillo de los acusados eran los mismos que detentaban el poder. Pero Fidel estaba consciente que había iluminado el camino hacia la victoria, que su causa era justa y esa verdad nada podía sepultarla.

 De ahí su convicción al advertir al Tribunal al final de su alegato: ¡Condenadme. No importa. La Historia me Absolverá! Profético final pronunciado por un hombre que hoy es faro de libertad no solo para Cuba, sino para dondequiera que exista un sentimiento de justicia y un sátrapa que intente ahogarla en sangre.

 

lp/minjus

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