Fidel, desde el Olimpo de la Historia

Martes, Noviembre 26, 2019 - 10:06

Fidel, desde el Olimpo de la Historia
Por Enrique Valdés
Hacen hoy tres años que Fidel, así como lo conoce el mundo, marchó para siempre al Olimpo de la historia.
No voy a decir que murió ni mucho menos que un día como este se produjo su desaparición física porque eso no es verdad.
Aceptarlo sería como negarle su presencia en cada una de las luchas que a diario libramos contra el enemigo del norte y contra la desidia de adentro, la que pretende satanizar logros o empeñarse en engrandecer las manchas del sol en su intento vano porque este no brille.
Fidel así de simple- forma parte de nuestra cotidianidad, alienta a continuar la marcha aún en medio de poderosas adversidades y cuando en momentos tensos preguntamos ¿dónde está? Aparece convertido en millones, multiplicado en su obra social, su humanismo y su sentido de la justicia.
Precisamente quiero detenerme en ese último término porque ahora, cuando desde el Ministerio de Justicia se hace un alto para honrar al Líder Histórico de la Revolución Cubana, no puede soslayarse al Fidel jurista.
La Historia me Absolverá mostró con toda claridad al ejemplo de jurista revolucionario capaz de dar continuidad a la obra de otros grandes de la túnica como Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte y José Martí.
Incluso si su entrega a la construcción de una nueva sociedad hubiera limitado el quehacer jurídico a esa sola entrega, sería más que suficiente, pero no fue así, pues nuestro líder trascendió por su fuerza y apego a los principios, lealtad y sentido de la justicia, vocación que lo llevó a dedicar su vida al noble empeño de crear un mundo más equitativo y justo.
Hablamos de un líder que desde su época de estudiante rompió cánones establecidos del Derecho para utilizarlo como instrumento a favor de los desposeídos.
Su legado criminológico late en una sociedad segura que logró revertir altos índices delictivos sobre todo a partir de la utilización del derecho preventivo como fenómeno para combatirlo.
Es verdad, hace poco más de tres años no escuchamos sus largos y esclarecedores discursos, no lo vemos en las tribunas habituales, ni llegar a cualquier rincón del país donde las fuerzas de la naturaleza desgajan el esfuerzo de años.
Sin embargo, aunque alcemos la vista y no lo veamos sabemos que está ahí, que guía, que impulsa a continuar la hazaña y a recoger el machete redentor dejado en la manigua donde se iniciaron nuestras luchas.
Por eso está vivo, por eso un día como hoy los agradecidos lo acompañan no mirando hacia la tierra o la piedra que lo inmortaliza sino hacia adelante, donde queda el Olimpo desde el cual continua escribiendo páginas imprescindibles para nuestra historia patria

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