Guerra de liberación de 1895: La contienda que se convirtió en símbolo de resistencia y unidad
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Después de la vergonzosa capitulación de las huestes mambisas en la Guerra de Los Diez Años- únicamente salvada de manera simbólica por la enérgica Protesta de Baraguá protagonizada por el Titán de Bronce Antonio Maceo y Grajales- la escena quedó lista para que otro ilustre patriota cubano, José Martí Pérez, organizara el retorno a la manigua redentora.
Fue así que el estallido de la Guerra de Independencia del año 1895 marcó un punto de inflexión decisivo en la historia de Cuba al consolidar la voluntad nacional de romper definitivamente con el dominio colonial español y abrir el camino hacia la soberanía.
Ese 24 de febrero otra vez se escuchó, del vientre de la nación, el grito enaltecedor de la independencia que pujaba por nacer.
Representó además la culminación de décadas de luchas previas, como la citada Guerra de los Diez Años (1868-1878) y la Guerra Chiquita (1879-1880), que habían dejado inconclusa la aspiración de independencia.
A diferencia de las gestas anteriores esta fue una guerra de carácter popular y nacionalista en la cual se involucraron campesinos, obreros, intelectuales y veterano de las contiendas anteriores (Pinos Nuevos y Pinos Viejos) como catalogó Martí la simbiosis de veteranía con sangre joven.
Esa Revolución, continuidad de la iniciada por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre de 1868, consolidó el ideal independentista con un Martí capaz de aportar una importante visión de una república “con todos y para el bien de todos”, que trascendía la mera ruptura con España y buscaba fundar un proyecto social inclusivo.
Igualmente impactó en la transformación política y social de la época pues la guerra aceleró el fin de la esclavitud y fomentó la integración de diferentes sectores sociales en la lucha por la libertad.
Desde el punto de vista internacional modificó el mapa geopolítico del Caribe y situó a la Mayor de las Antillas en el centro de las disputas imperiales después de que la decisiva acción de los mambises y la nefasta intervención de Estados Unidos en la contienda propiciaron la derrota del colonialismo español.
Si bien es cierto que la caída en combate de varios de sus principales líderes y la sombra de otros males renacidos como la yerba mala impidieron otra vez que un conflicto ganado en el campo de batalla se frustrara entre divisiones y hasta ambiciones personales de algunos de sus principales representantes, no es menos cierto que esa gesta se convirtió en símbolo de resistencia y unidad, y aunque dejó el amargo sabor de la victoria frustrada, sembró también la semilla que germinó la epopeya del Moncada y alumbró el camino de la independencia lograda al fin el Primero de Enero de 1959.
En esencia, hoy al recordar el aniversario 131 del reinicio de nuestras luchas armadas, tenemos la certeza de que más allá de su desenlace, cimentó los valores de patriotismo, sacrificio y justicia social que aún hoy forman parte esencial e indestructible de la cultura política cubana.

























