La Caravana libertaria que devolvió la dignidad arrebatada a los cubanos
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Como ya es tradicional, este año un grupo de destacados jóvenes reeditó el recorrido de la Caravana de la Libertad, que en el año 1059 encabezada por Fidel, entró triunfalmente a La Habana después de recorrer más de mil kilómetros a lo largo y ancho de la Isla.
También, como ya es habitual, decenas de miles de personas, “armadas” de banderas cubanas se agruparon en los distintos puntos del recorrido para de esa manera rendirle tributo a quienes un día ofrendaron hasta su vida por traer la esperanza a la patria oprimida.
Sin embargo, a pesar del visible entusiasmo de la población reunida, y en momentos difíciles para la Patria y bajo la amenaza del vecino del norte de destruir la nación, algunos evocaron con visible nostalgia la figura de nuestro Líder de la Revolución, mientras el legendario legado de nuestro Comandante en Jefe devino el sello distintivo del momento histórico.
Los trabajadores del Ministerio de Justicia, imbricados en ese pueblo que desde temprano en la tarde se dio cita frente al ICRT, festejó el instante, dio vivas otra vez a esa simbólica Caravana y ratificó su disposición a defender la patria con su vida si esta fuera agredida.
Por ello cabe destacar que la masiva concentración a lo largo del recorrido, en momentos que la Revolución es atacada con furia por sus enemigos de siempre y los voceros del imperio preconizan el apocalipsis, devino acto de reafirmación patriótica y de respaldo a este proceso y a los ideales más puros de los cientos de miles de hombres y mujeres que a lo largo de la historia abonaron con su sangre los caminos de la independencia.
Y es cierto, aunque en esa Caravana nos volvió a faltar la presencia física de Fidel, salimos fortalecidos por la certeza de que en ella viajaban en esta ocasión nuestro presente y futuro de justicia sostenido por ese relevo generacional viril sobre el cual descansa hoy la seguridad de la nación cubana.

























